LA TICLA

Texto y fotos: Pedro Silva Vidrio / CANAL235.COM

Los cerros de la Sierra de Coalcoman y el Rio Ostula bordean la playa de La Ticla, a donde llegan “surfos” y turistas de diferentes partes del mundo, para disfrutar del oleaje y el entorno de este famoso parador eco turístico.

La Ticla se ubica entre los puertos de Manzanillo, Colima y Lázaro Cárdenas, Michoacán, en la zona costera del municipio de Aquila, a escasos minutos de La Placita y El Duin, viajando desde el estado de Colima.

Se puede llegar en una corrida de autobús que salen desde Manzanillo o Tecomán, o en automóvil particular. Bajando de la carretera federal 200, un maltrecho camino de terracería conduce al parador ubicado al final del pueblito, habitado por apenas un par de centenares de indígenas nahuas, mestizos y una minoría de extranjeros, que están acostumbrados a la presencia del “turista”.

En la playa se han construido algunas cabañas, pero sobresalen las “palapas” que se convierten en perfectas zonas de acampar para los cientos de visitantes que llegan cada temporada a participar o disfrutar de los espectaculares torneos de surf y otras actividades relacionadas con el mar y paisajismo.

El olor de pescado frito en las brasas o chillante aceite se llega a mezclar, se pierde con los aromas que despiden los cigarrillos de hierba verde (Marihuana) que fuman algunos miembros de la comunidad surfa reunidos en el lugar.

Mariscos, tablas de surf, oleaje, palmeras, bikinis, casas de campaña, bloqueadores de sol, cámaras fotográficas, toallas, cachuchas y la extensa playa, forman parte del segundo parador eco turístico más famoso de Michoacán, donde el misticismo del lugar, atrae a la multitud en el transcurso del año.

El sol se oculta al fondo del Ostula que tras bañar la serranía desemboca en el mar dividiendo la playa. Al anochecer, en la tierra, la arena se vuelve a calentar con las fogatas de leña que iluminan a los surfos y visitantes que disfrutaron una larga jornada en La Ticla, porque pareciera que de repente, el tiempo se detiene, entre el estruendo de la ola y el silencio de la comunidad; la tranquilidad y “buena vibra”, “el amor y paz”, que marcan la estancia en este lugar.

Desde el nivel del mar se puede observar el incesante oleaje y la majestuosidad de la sierra michoacana, en la que florecen miles de historias, las mismas que día a día se escriben en este paradisiaco rincón terrenal.

Una mujer indigena recorre la calle principal del pueblo

El Ostula al desembocar en el Oceáno Pacífico

La playa de La Ticla y su oleaje

Hasta "recien casados" llegan a disfrutar de la playa y su luna de miel

Al fondo, la sierra michoacana

El surf es el deporte más practicado

Cabañas y palapas en la playa

Turistas extranjeros disfrutan La Ticla