Tras el fracaso del negociante Agustín Gallardo Quintanilla en la dirección de la Escuela Preparatoria Regional de Cihuatlán (EPRC) y el acuerdo político con el ex rector Tonatiuh Bravo Padilla, la llegada del cihuatlense Julio Mendoza Torres ha resultado intranscendente para la comunidad universitaria.

¿A qué viene el nuevo director? ¿A librar a estudiantes de los negocios en libros y uniformes? ¿A mejorar la calidad académica? ¿O de plano a fortalecer el partido Hagamos? ¿A fortalecer una candidatura a la presidencia municipal?

En las primeras semanas, el ex priista del CUCSUR ya está sacando el cobre. Detrás de esa gentileza y entusiasmo se esconden una gran hipocresía, al grado que profesores y estudiantes ya se sienten utilizados por el nuevo director, ya miraron sus excesos y la irresponsabilidad de abandonar labores.

Todo indica que desde la administración de la EPRC donde continua la secretaria Vanessa Huizar se seguirá operando políticamente a favor del partido estatal Hagamos.

Y eso es malo, gravísimo para la comunidad universitaria que ha resultado golpeada por la ambición política del director en turno junto a una bola de secuaces, en la que sobresale la desabrida secretario general.

Julio Mendoza está resultando más grillero, más político y partidista que académico. Eso es malo, gravísimo para la Escuela Preparatoria Regional de Cihuatlán. Tiempo al tiempo.

Si deberás el nuevo director está decidido a arriesgarse e inmiscuirse en la vida política-partidista de Cihuatlán que responda ¿si está dispuesto a pelear una candidatura a presidente municipal? ¿o no es ese uno de sus sueños políticos?

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