El control del Cártel de Jalisco Nueva Generación sobre el municipio de Chinicuila tiene aterrados a los pobladores. Los que pueden escapan, pero a la mayoría no les queda otro remedio que encerrarse temprano en sus casas si no quieren ser víctimas del crimen organizado. En cuanto al gobierno federal, no parece darle importancia a ese lugar, que padece un alto rezago social y está prácticamente sitiado por el narco.

Los primeros disparos se escucharon alrededor de las cuatro de la tarde del martes 7, en las inmediaciones de Villa Victoria, cabecera municipal del municipio de Chinicuila. Conforme pasó el tiempo, el impacto de las detonaciones creció y después se produjo una balacera que se prolongó más de dos horas en pleno centro del pueblo, cerca del Palacio Municipal.

Fue una nueva incursión armada de miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), quienes se enfrentaron a elementos de la Guardia Comunitaria local, conocidos por los lugareños como Los Comunitarios.

A la madrugada siguiente, un comando criminal usó drones con explosivos para atacar el edificio del Ayuntamiento, que sufrió daños en el techo . Simultáneamente algunos de sus integrantes, provistos de chalecos antibalas y armas largas, irrumpieron en viviendas del rumbo del llamado Panteón Nuevo. Tras derribar puertas y amenazar a los moradores, voltearon muebles y revisaron rincones. Algunos testigos dicen que buscaban a efectivos de la Guardia Comunitaria.

Antes de que abandonaran el pueblo hubo otra balacera, en la que no se reportaron muertos o heridos. Después del amanecer, cuando ya había pasado todo, un helicóptero de la Guardia Nacional sobrevoló la zona, se escucharon algunos disparos en los cerros aledaños y la aeronave se retiró.

El miércoles 8, alrededor de 10 familias, la mayoría afectadas por el allanamiento previo, empacaron algunas pertenencias y se fueron del municipio.

A lo largo de los últimos dos años, habitantes de esta cabecera y de decenas de comunidades y rancherías del municipio han sido víctimas de desplazamiento forzado por la violencia criminal. Quienes han podido se trasladaron a poblaciones de Colima y Jalisco, o bien a Estados Unidos. Como consecuencia, varias localidades se encuentran vacías o semivacías. Es el caso de La Higuera Panda, Barranca Seca, Hihuitlán, Huizontla y El Salitre.

Hace meses, recuerda una mujer, un grupo de pistoleros llegó por sorpresa a bordo de camionetas, tiroteando las casas. Los hombres de la comunidad enviaron a sus familias a la cabecera municipal para quedarse a enfrentar a los agresores y, como estrategia, trozaron la carretera principal para impedir el acceso de vehículos. Posteriormente tuvieron que salir, porque los criminales ingresaron por un camino secundario con vehículos monstruos y los atacaron con granadas.

En otras localidades, como Hihuitlán y Barranca Seca, la mayoría de los pobladores originales emigró paulatinamente y en su lugar se asentaron presuntos miembros del CJNG.

“Les ofrecían despensas con el nombre del líder del cártel y tenían que aceptarlas porque, si se negaban, así les iba –dice un testigo–. Al recibirlas les tomaban foto y les preguntaban su nombre. Entonces muchos de los habitantes mejor se fueron por miedo, por no saber con quiénes podrían estarse involucrando”.

–¿Allá no entran los elementos de la Guardia Nacional?

–A veces pasan por ahí, pero los del cártel tienen halcones que les avisan cuando se acercan y entonces salen de los ranchos y se refugian en los cerros. También tienen drones a los que les cuelgan granadas para que no se los tumben, porque si lo hacen van a explotar.

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