Si Fernando Martínez no hubiera intervenido en la campaña, Jorge Salas no fuera presidente municipal de Cihuatlán.

Desde el arranque, los números en las encuestas no daban, Jorge Salas era antipopular, representaba una de las familias más elitistas, no tenia experiencia política y no estaba comprobada su vocación de servicio, en plata pura, no tenia mucha rentabilidad electoral.

Participó en una campaña orquestada por el Partido Movimiento Ciudadano con la que no logró despegar de uno de sus competidores, el joven universitario Polo Pelayo, candidato del nuevo partido estatal Hagamos.

Jorge Salas presumía representar la continuidad del proyecto iniciado en 2015 con Fernando Martínez y hablaba maravillas del odiado gobernador Enrique Alfaro.

Esta y otras estrategias lo mantuvieron en la competencia con el temor de una derrota segura.

Como candidato dificilmente conectaba con la gente en los barrios y colonias populares donde nunca se le habia visto.

Personajes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), su antiguo partido, le alinearon a votantes en las comunidades rurales, a cambio de compromisos y nombramientos en por lo menos dos direcciones del gobierno cihuatlense.

Tuvo que intervenir el candidato a diputado local Fernando Martínez para levantar la campaña, dedicando extenuantes jornadas a la promoción de los candidatos de Movimiento Ciudadano en todo el municipio.

Reuniones privadas por aqui y alla sostuvo Fernando Martínez para convencer que Jorge Salas era buen gallo y no iba a traicionar ni al pueblo ni a la gente del Movimiento.

Los resultados del 6 de junio confirman la debilidad de Jorge Salas como candidato. Fernando Martínez ganó en el municipio con una marcada diferencia de 1000 votos sobre lo obtenido por Jorge Salas y eso que el ex alcalde era el más odiado y el candidato a presidente el menos malo.

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