Con la alianza hecha en Jalisco con el Cártel de Sinaloa, Los Cuinis empezaron a prosperar y a preocuparse un poco menos por la pelea con el Cártel del Golfo.

También les ayudó el hecho de que Osiel Cárdenas Guillén fue detenido el 14 de marzo de 2003 en un operativo federal en el Fraccionamiento Satélite, en Matamoros, su ciudad natal.

Para entonces los líderes visibles de Los Valencia eran Óscar Orlando Nava, «El Lobo», Valencia y Armando Valencia Cornelio, «El Maradona».

Éste último capo tenía como subordinado a un desconocido -en ese entonces- llamado Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho».

En la organización también ya despuntaba Abigael González Valencia, «El Cuini».

Alianza clave

Los Cuinis encontraron unos nuevos aliados en Colombia: Los Rastrojos.

González Valencia era quien organizaba las compras de cocaína a Diego Pérez Henao, «Diego Rastrojo», líder de las Rondas Campesinas Populares o Los Rastrojos, un grupo armado que estuvo al servicio del Cártel del Norte del Valle de Colombia.

Desde el año 2000, «El Cuini» empezó a mover cargamentos de entre mil y 2 mil 500 kilogramos de cocaína desde Colombia hasta México cada dos o tres meses.

Inversión fallida y ajustes

En 2007 algunos de los cabecillas de Los Cuinis hicieron una inversión que pensaron les redituaría: un submarino.

«El Lobo» y «El Cuini» invitaron a «El Mencho» a entrarle a la cooperación para expandir el negocio.

La cocaína que estaban comprando en Colombia la movían a México con el sumergible.

Su plan era el siguiente: con la ayuda del submarino, traerían la mercancía hasta un punto que ya tenían determinado y entonces trasladarían la cocaína con varias lanchas rápidas hasta la costa nacional.

Sin embargo, el submarino fue detectado por las fuerzas del orden en Colombia y los tripulantes prefirieron hundirlo antes que permitir su incautación.

Después de esto fue que cambiaron la estrategia a través de portacontenedores de Colombia a Panamá o Costa Rica y luego a México.

Ya para 2008 los narcotraficantes michoacanos empezaron a transportar con la misma frecuencia alrededor tres cargamentos de cocaína de Colombia a Guatemala en aviones, cada uno con un peso que iba de los 300 a los mil 200 kilos.

Mientras que «El Cuini» compraba la cocaína en Colombia y se encargaba de toda la logística de los vuelos, «El Lobo» Valencia recibía la mercancía en Guatemala, para después trasladarla a México.

También tuvieron la idea de enviar cocaína directamente de Panamá a Los Angeles, California, a bordo de un barco de contenedores. Sin embargo, «El Lobo» rechazó la propuesta porque le pareció insegura.

Ganancias y pérdidas

Para pagarle sus servicios de transporte y venta, en aquel tiempo, «El Lobo» se reunía personalmente con González Valencia en Guadalajara y le entregaba maletas repletas de dólares.

Después, «El Cuini» mudó su «caja de cobro» a la Ciudad de México, a donde debían acudir sus acreedores.

La mayor parte de la mercancía que movían Los Valencia se enviaba a Nueva York y Los Angeles.

Cuando el narconegocio prosperó en mayor escala, pronto vinieron algunos golpes a la organización que obligó a una reorganización y cambio de liderazgos.

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