De las ideas nuevas para mejorar, políticamente ya nada queda. El ex presidente municipal Jesús Enrique Morett Mendoza y sus amigos se beneficiaron pero ya no son leales al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

De izquierda a derecha, el ex dirigente del Frente Juvenil Revolucionario (FJR) Juan Gabriel Hernández hace muchos años que se alejó de la política partidista cihuatlense, incluso del terruño de sus amores, viajando al extranjero.

La ex regidora priista Socorro Rivera Pérez, una de las incondicionales del presidente Chuyito, con el paso de los años fue rebasada por nuevos liderazgos, sin poder garantizar que ha sido leal al priismo.

Efraín Corona Vargas, quien fungió como oficial mayor administrativo y en su primera incursión en la administración pública tuvo un polemíco desempeño defendiendo las irregularidades y abusos que cometió el presidente municipal y su grupo de colaboradores, del cual formaba parte, es un claro ejemplo de la traición política.

Anduvo en diferentes campañas del PRI, en las que su esposa Berenice González fue candidata a regidora.

De un trienio a otro, sin decir adiós, ambos aparecieron como colaboradores cercanos del ex priista Jorge Salas Chávez quien se impusó en la candidatura del Partido Movimiento Ciudadano, a pesar que no era el predilecto del alcalde reelecto Fernando Martínez Guerrero.

«El Payin» volvió a inflarse, se llenó de arrogancia y prepotencia, protagonizando excesos en sus funciones durante los primeros meses del tercer gobierno emecista.

Desde campaña fue visto con recelo por quienes lucharon para sacar del gobierno a los priistas y panistas, por aquellos ciudadanos que fueron ignorados y golpeados politicamente por gobiernos priistas como los de Armando Zúñiga Cárdenas y Jesús Morett.

Tras el polémico y apretado triunfo electoral, el presidente Jorge Salas entre sus primeras acciones tuvo que premiar la traición, haciendo a un lado a reconocidos emecistas para nombrar como secretario partícular a su amigo, quien ya es conocido en el argot político como «el presidentito».

El empresario de las comunicaciones Julián Alvarado Montes viene de abajo. Intentó ser candidato a presidente municipal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) pero su sueño ranchero de gobernar Cihuatlán le fue truncado. La gente, los priistas no lo apoyaron, ni sus aliados priistas le apostaron, al final lo dejaron solo.

Julián Alvarado fue dirigente del comité directivo municipal del PRI-Cihuatlán, presentando su renuncia al cargo, de forma sorpresiva.

Al igual que otros amigos de Chuy Morett, quien se alejó del priismo y fue candidato por el partido sátelite, PANAL, el de los maestros; Julián Alvarado es cuestionado por sus deslealtades al PRI, donde Ramiro Hernández fue debidamente enterado de la doble cara del joven empresario.

Los rumores sobre la traición de Julián Alvarado tomaron fuerza desde el año 2014, cuando Fernando Martínez Guerrero se perfilaba a la candidatura de Movimiento Ciudadano.

En la actualidad presume, sin tapujos y con orgullo, de su amistad con el presidente Jorge Salas y además mantiene excelente relación con otro traidor del PRI, el «chacal político» de Armando Zúñiga Marin, quien ya volvió a traicionar para llegar a tener trabajo en el Congreso de Jalisco.

La traición política marcó a la nueva generación que un día llegó al poder para perderlo en tres años, de una forma humillante, con el triunfo del Teniente Martín Ortíz Quintero.

Ironicamente, el joven Fernando Martínez Guerrero logró ser reelecto y ganar una diputación local, lo que ningún priista en Cihuatlán ha logrado.

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