Si el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) actualmente es el grupo criminal más poderoso del País, se lo debe en gran medida a «Los Cuinis».

Pero, ¿cuál es la historia detrás de este clan michoacano y su relación con el CJNG?

PRIMERA ALIANZA

Para hablar de «Los Cuinis», también conocidos como Los Valencia, es preciso mencionar a los hermanos Amezcua Contreras.

Los hermanos Adán, José de Jesús y Luis, quienes controlaban el llamado Cártel de Colima y eran apodados «Los Reyes de las Metanfetaminas», aprovechaban el puerto de Manzanillo para obtener grandes cantidades de efedrina y seudoefedrina, dado que tenían contactos en India y Tailandia.

Ellos estaban bajo la lupa de la DEA (Administración para el Control de Drogas, por sus siglas en inglés) por lo menos desde 1988 por el tráfico de cocaína y metanfetamina en San Diego y Los Ángeles.

Muchos de los narcolaboratorios de los hermanos Amezcua se encontraban en Jalisco, así como en Michoacán.

Y aquí es donde entró el clan de Los Valencia. Aseguraban ser aguacateros, pero en realidad estaban involucrados en el tráfico de drogas.

De esa forma, la alianza entre Amezcuas-Valencia controlaba gran parte del Estado vecino en los años 90, principalmente los municipios de Apatzingán, Buenavista y Uruapan.

Sin embargo, José de Jesús fue detenido en 1998 y Adán, en 2001, con lo que se debilitaron.

Quienes salieron al quite fueron Armando Valencia Cornelio, alias «El Maradona» o «El Juanito», junto con Luis Valencia Valencia, quienes para entonces ya habían conformado el Cártel del Milenio.

EL ERROR DE LA DEA

Desde septiembre de 1997, un colombiano llamado Guillermo Moreno Ríos llegó a México y se estableció en la Calle Quebrada, en la Colonia Bosques de la Victoria, en Guadalajara, aunque también operaba desde la Ciudad de México.

Él era el vínculo del Cártel del Milenio con el de Cali.

Poco después echaron en marcha los grandes cargamentos de drogas sintéticas a Estados Unidos. Toneladas y toneladas. Sólo por parte del Cártel del Milenio, cerca de 30 toneladas de drogas sintéticas entraban mensualmente a Estados Unidos.

Los narcotraficantes no lo sabían, pero desde entonces la DEA ya estaba sobre sus pasos. La dependencia norteamericana quería asestarle un fuerte golpe a la organización y para ello prepararon todo durante tres años.

Sin embargo, alguien cometió un error.

El colombiano Alejandro Bernal, «El Juvenal», trabajaba de la mano de Moreno Ríos y de los hermanos Valencia.

Ellos eran los principales blancos de la «Operación Milenio» que la DEA llevó a cabo en octubre de 1999.

El día decisivo fue el 11 de octubre de 1999. Alguien, anónimamente, llamó a la Policía Judicial Federal e informó dónde estaban ubicados los domicilios de los operadores del cártel en Zapopan: Moreno Ríos, Orlando Sánchez Cristancho y Jorge Mauricio Sánchez Vidal.

El mismo delator indicó la localización de José Walter Sepúlveda, Alberto Gallegos Serpa, Hermis de Jesús Betancourt Ríos, John Jairo Meza Sanín, Sergio Perdomo Liévano, en la misma área sur de la zona metropolitana.

Dos días más tarde, la operación capturó a 30 miembros de la organización en Colombia, entre ellos a Alejandro Bernal y Fabio Ochoa.

En la Ciudad de México, la historia se repitió a las 12:00 horas del 15 de octubre: los agentes federales de guardia recibieron otro llamado anónimo, esta vez de una mujer.

Fue entonces que Estados Unidos cometió uno de los peores errores en la lucha antinarco: pide la extradición de Luis Valencia, a quien dijeron confundir con Armando Valencia. Ambos habían mantenido un perfil bajo y no habían sido mencionados en medios de comunicación hasta entonces. Sin embargo, ninguno de los dos había sido detenido.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.