De que sucede hasta en las mejores familias sucede y más cuando de política se trata.

Que puede esperarse de la ex dirigente mitómana y desorientada Silvia Herrera, del polémico ex dirigente Rafael Manrique y su fracasado pupilo Rafael Manrique Herrera, convertidos en los Judas del Partido Acción Nacional (PAN) en el municipio de Cihuatlán.

Muy de la derecha, el pasional defensor de la doctrina panista, el combatiente Rafael Manrique luego de fracasar en sus intentos por ser presidente municipal durante años, al ya no verse como amo y señor de Acción Nacional, de una elección a otra mudó de cuero apoyando con bardas a un partido político contrario, para entonces confirmar sus coqueteos con Movimiento Ciudadano y luego con Hagamos.

Con ese cinismo en la pasada elección dio muestra de su inteligencia y convicciones, de su respeto por la política exhibiéndose como un vil oportunista y traidor político, al descaradamente promocionar en una de sus propiedades a los candidatos del PAN y Hagamos, llevándose entre sus oscuros intereses el prestigio de sus familiares Herrera marcados por su historia polémica en el panismo, donde no aprendieron el valor de la lealtad al legendario Manuel Gómez Marín.

Después de las derrotas, para vergüenzas no ganaron. Así han sido siempre en sonados escándalos. Ahora, cada vez más longevos y demostrando sus chocheos políticos, su ineficacia como operadores, pero lo peor, demostrando ser protagonistas de traiciones partidistas.

Si la profesora de la Secundaria Técnica 20, Silvia Herrera fue polémica y desastrosa en su mal paso por la dirigencia blanquiazul, su hijo Rafael Manrique se ganó una estrellita y fue agüero de la desgracia para el partido blanquiazul, llevando al panismo a los sótanos de la política cihuatlense, demostrando semejanzas con personajes obsesionados que no dimensionan sus limitaciones y ambiciones personales marcadas por caprichos, ocurrencias y traiciones.

Tantos años en el PAN, aliados a Adolfo “Fito” Daruich, terminaron por exhibirlos como unos viles traidores al partido donde se crearon y murieron como personajes políticos.

En la actualidad están marcados por la ignominia social. Son vistos como personajes de la traición, como Judas.

No son leales ni a sus convicciones y lo peor se la pasan exhibiéndose de fracaso en fracaso, desde el más grandote hasta el pequeño Eduardo Manrique, otro maestro gris en la Secundaria Técnica #20 que no anda muy bien en sus relaciones.

Imagínese nomás en manos de quien esta una comunidad escolar con un director violador de derechos humanos y esa clase de profesores mentirosos y traicioneros.

El ex candidato presidencial panista Rafael Manrique en la campaña del nuevo partido estatal Hagamos. (Foto de archivo)

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