En lo que va del año, 23 mexicanos vinculados con el narcotráfico han sido detenidos en Colombia, dice Fernando Murillo, director de Investigación Criminal de la policía de ese país.

Explica que tras la captura de Otoniel, jefe del Clan del Golfo, los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación intensificaron el envío de “emisarios” para establecer nuevas alianzas.

Su objetivo: tener el “control directo” de tráfico de drogas y acrecentar así sus ya de por si exorbitantes ganancias: comercializan anualmente unas 200 toneladas de cocaína colombiana con valor de 5 mil millones de dólares en el mercado estadunidense.

El director de Investigación Judicial e Interpol (Dijin) de la Policía Nacional de Colombia, general Fernando Murillo, está convencido de que cada vez que golpea al Clan del Golfo, la principal organización del narcotráfico en este país, los cárteles mexicanos de la droga acusan el golpe.

“Cuando capturamos a cabecillas del Clan del Golfo, los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación tienen que volver a buscar aliados que les puedan generar las toneladas de droga que requieren y, además, que les garanticen lo que más buscan: que realmente sea una droga de calidad”, dice Murillo.

En entrevista con Proceso, el director de la Dijin sostiene que, en particular, la captura del jefe del Clan del Golfo, Dairo Antonio Úsuga David, Otoniel, el pasado octubre, “afectó el suministro de droga” de los cárteles mexicanos, que tenían una “relación comercial muy cercana” con el que era considerado el principal capo colombiano de la droga.

En respuesta, señala Murillo, los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación intensificaron el envío de “emisarios” a Colombia para establecer nuevas alianzas con los sucesores de Otoniel –Wílmer Antonio Giraldo, Siopas; Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, Chiquito Malo; y José Gonzalo Sánchez, Gonzalito– y con las “disidencias” de las FARC.

“Lo que hemos visto es que los cárteles mexicanos están mandando enviados de confianza, de mucha confianza, que supervisan desde la producción hasta el transporte y la entrega de la droga”, afirma Murillo.

Y sostiene que, con esa modalidad, los grandes capos mexicanos “buscan el control de todos los eslabones de la cadena del narcotráfico” en Colombia, desde los sembradíos de hoja de coca hasta su transformación en cocaína y su salida al exterior a través de rutas marítimas y aéreas.

Es sintomático, por ejemplo, que en abril pasado haya sido capturado en la suroccidental Cali el mexicano Brian Holguín Verdugo, El Pitt, a quien informes de inteligencia consideran un operador de confianza del jefe de la facción histórica del Cártel de Sinaloa, Ismael «El Mayo» Zambada.

De acuerdo con las investigaciones, «El Pitt», requerido en extradición por Estados Unidos, tenía la misión de estrechar relaciones con las “disidencias” de las FARC –como se conoce a las facciones de esa exguerrilla que no se acogieron al acuerdo de paz de 2016 y siguieron en el negocio del narcotráfico– tras la caída de Otoniel, el jefe del Clan del Golfo.

Murillo señala que aun más revelador resulta el hecho de que el 19 de mayo pasado hayan sido capturados en aguas internacionales del Pacífico seis ciudadanos mexicanos que transportaban 699 kilos de cocaína en una lancha rápida, cuando ese tipo de cargamentos son transportados por lo general por colombianos.

Los resultados de esa operación, en las que participaron la Dijin, la DEA, el Comando Sur de ese país y la Armada de México, revelan que los cárteles mexicanos buscan también “el control directo” de la salida de la droga de Colombia hacia Centroamérica y México.

El director de la Dijin explica que este año han capturado en Colombia a 23 mexicanos en el marco de investigaciones contra el narcotráfico en las principales ciudades del país (Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena), y varios de esos operativos han sido realizados de manera conjunta con la DEA.

Fuente: PROCESO

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