ENRIQUE TOUSSAINT

Esta semana el Congreso de Jalisco elegirá al nuevo presidente del Instituto de Transparencia (ITEI). Si no se endereza el camino, Morena se quedará con la silla presidencial. Y con ello, se consumaría el golpe a la legalidad de los diputados. Hay que recordar que nadie debe estar por encima de la ley y menos los legisladores. Ellos deberían ser los más escrupulosos en el cumplimiento de la normativa.

Sin Movimiento Ciudadano (MC) el acuerdo no sería posible. El partido que gobierna Jalisco tiene la mayoría parlamentaria (17 de 38). O la primera minoría, como usted prefiera. MC tiene seis años siendo la primera fuerza política en Jalisco. Y las encuestas esbozan que el predominio naranja podría extenderse incluso después de 2024. No hay un gran apetito de cambio de partido en el poder, como si era palpable con el derrumbe del PRI en 2018 y del PAN en 2012.

En democracia, el PAN ha sido el partido que más ha gobernado Jalisco. Casi dos décadas ininterrumpidas. El PAN hizo de Jalisco su granero de votos. En 2006, ganó 19 de 20 distritos e hizo presidente de la República a Felipe Calderón.

Fue hasta 2009 cuando el blanquiazul comenzó a dar síntomas de agotamiento. ¿Qué explica el declive del PAN? ¿Por qué MC debe poner sus barbas a remojar cuando voltea a ver el pasado reciente del PAN?

Primero, porque el PAN se pudrió cuando la vida interna tuvo más peso que las ideas, las propuestas y el Gobierno. La división los aniquiló. El partido se dividió entre emilistas, rosalistas, paquistas y un larguísimo etc. Más que una visión de partido, el PAN se volvió una galaxia de clientelas y una agencia de colocación de servidores públicos.

MC no enfrenta esa división, pero no puede descartarla. Desde hace meses existe una división entre alfaristas y Grupo Zapopan.

Una división que no tiene nada de ideológica, sino por el poder de cara a la sucesión. Lo que era un partido unificado y sin fisuras, hoy comienza a fraccionarse. Las tribus matan los proyectos políticos.

Segundo, porque para contentar a los grupos internos comenzó a dividir el pastel del Estado en trozos. Le entregó la Comisión de Derechos Humanos a un grupúsculo, el Instituto Electoral a otros, Transparencia a quien faltara.

Las legislaturas más corruptas fueron la 58 y la 59 en donde no se repartieron todo lo que había que repartir. Privilegiaron poner a novios, novias, amigos, amigas o a socios. Se olvidaron de los buenos perfiles.

Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon la tuya a remojar. Si MC mantiene estas prácticas, tarde o temprano el electorado cobra.

Tercero, ignorar a la sociedad civil con cinismo y sin sonrojarse. Es cierto que hay intereses que pululan en torno a las designaciones públicas. Intereses económicos, políticos y de todo tipo.

No obstante, en Jalisco existe un ecosistema de organizaciones que han demostrado, por mucho tiempo, su autonomía frente a dichos intereses.

Meter a todos en el mismo cajón es simplismo y arrogancia. Quien deja de escuchar en política se vuelve esclavo de sus prejuicios.

El PAN lo hizo en el sexenio de Emilio González y el castigo fue tremendo. Recordemos la mentada de madre del exgobernador a sus críticos. Dicha intolerancia marcó el sexenio de González Márquez y marcó al PAN en su conjunto.

Los estudios de opinión demuestran que la marca MC sigue siendo relativamente bien vista por el electorado.

No tiene muchos negativos, a pesar del desgaste que supone gobernar.

Por ello, MC está a tiempo de rectificar. Darle la espalda a las designaciones que violan la ley y el mérito. Escuchar a la sociedad civil, aunque digan cosas que no te gustan.

Y evitar que el partido se convierta en un “Reino de Taifas” y en donde la división se devore cualquier proyecto.

Decía don Esteban Garaiz que todos los partidos políticos terminan pudriéndose en algún momento.

Es la ley de la vida, pero también la Ley de la Oligarquía sobre la que teorizó Michels.

Lo que sí puede evitar MC es envejecer tan como lo hizo el PAN en Jalisco.

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